Hasta que llegue su hora, el Gran Monarca permanece en la fértil oscuridad del silencio divino. Pero cuando el Tiempo Eterno se encuentre con el tiempo humano, el velo caerá y se sabrá que el Señor nunca ha dejado de reinar sobre los reinos de la tierra. Porque el rey que viene no es el que se alza, sino el que se deja alzar por Dios. Este rey oculto, preparado en la oscuridad del mundo como Cristo en el silencio de Nazaret, recuerda a la humanidad que Dios jamás ha renunciado a su soberanía. El Señor sigue actuando, pero mediante…
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